... fueron cuatro...
Pensé que era un buen plan... pero terminó disguntandomé a mi también. Me separaba de ella por un par de meses, solamente... un ida y vuelta, un toque y vuelve... pero no salió así. Y no me gustó.
Son sólo dos meses -le dije- y ni bien vuelva, te paso a buscar, y nos bañamos juntos. Aceptó. No significa que le gustara, pero aceptó. Cuando la dejaba en su casa, su mirada era tierna, acojedora, y por demás demostrativa. No quería que me fuera, pero no se dejaba contenerme... por respeto a mis desiciones. A las cuales ahora les tengo menos respeto.
Le llamé a los dos meses... aún exiliado, y sin haber cumplido lo que me cometía. Su enojo era evidente y mis excusas ciertas, validas... pero totalmente inutiles. Yo seguía lejos de ella, cuando jamás debería haberme ido...
Volver allá fue complejo... fue cansador... y más largo de lo que los dos esperabamos... ella no soportó la espera... y tuve que despertarla de un sueño que ella prefirió vivir, a esperarme conciente de su espera...
El enfrentamiento con la realidad no fue fácil, tampoco mi adaptación a mis errores. No soy bueno eligiendo palabras en momentos difíciles... y no provoqué nada poco consecuente. Fueron cuatro... sí, solo cuatro. Pero fueron suficientes para desalojar todo sentimiento de mi alma y dejarme un hueco en el pecho. Un hueco tan grande que me robó la respiración, me dejó sin palabras y no pude hacer otra cosa que abrazarla fuerte, ajustado... y secar sus lagrimas, como un animal que trata de revivir a sus crías que nacieron muertas, como intentando borrar todos mis errores tan solo secando esas lágrimas... Un reflejo tan pobre, tan primitivo... tan instintivo, pero a su vez, tan... útil... Con el mismo instinto, ella se pega a mi pecho, haciendomé sentir totalmente responsable, de sus lagrimas y de su bienestar, de sus tristezas y sonrisas, de su dolor y su calma... de su vida. Y ahí se clavó de nuevo en mi pecho, esa sensación de falta, de vacío... dolor agudo, sube por mi espalda un escalofrío gélido... que me eriza la piel y no me deja más que apretarla más contra mi pecho y sentir la angustia que le hice vivir. No me deja más que sufrir...
No todo tiene que ser grande para que se sienta grande. No hay dolor más grande que el que se demuestra con poco... ni dolor más grande que el que uno mismo provoca. Hoy hice doler... y me dolió el doble...
... perdón...
3.12.2006
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2 comentario/s:
que mierda te pasa??
es verdad....no hay dolor más grande que el que uno mismo provoca...yo hice doler y me dolió el triple...
me identifique con este blog¿? y quiero pedir perdón, pero aún hoy no me animo
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